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 LANZAROTE (II) TIMANFAYA

 Escribe el relato: JoseMGGarcia

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LANZAROTE (II) TIMANFAYA, PARQUE NACIONAL

Las islas Canarias, no es tierra para mis costumbres… habitualmente soy madrugador.

Mi experiencia en no menos de 6 visitas a las Islas, esta ultima de 14 días (7 en Lanzarote y otros 7 en Gran Canaria) es que el sol acostumbra a ser muy vago, se le pegan las sabanas y no se muestra esplendorosamente antes de las 12 del mediodía.

Claro que hay días y días y además excepciones y diría que esto, principalmente en la isla de La Palma, con sus dos climas tan diferenciados, pero en Lanzarote, mi opinión se reafirma en estos conceptos.

He dedicado un rato a repasar a que hora tome mis fotografías y el aparente grado de luz solar… lo dicho, incluso en ocasiones, se mostró esquivo hasta bastante mas tarde, nunca antes.

Dicho esto y antes de que Canariones, Chicharreros, Majoreros y Conejeros me lancen la “caballería”, es deber de bien nacido, admitir y además lo hago complacido, que raramente en otro lugar se encuentra tanta variedad y belleza de paisaje en tan poco espacio. Desde la cumbre mas alta de España (Teide), el aire mas cristalino (Roque de los Muchachos, con su Observatorio Internacional), volcanes de no muy lejana erupción (Teneguia 1971), escenarios volcánicos dantescos que asemejan otros planetas (Timanfaya), una fauna muy particular y flora esplendorosa, gente aguerrida pero también amable, agricultura difícil, arquitectura fuertemente contrastada con abundante blanco y negro (piedra volcánica), cuando no, fachadas coloreadas en un sinfín de fuertes y básicos colores y todo esto aderezado y adormecido por un cadencioso y dulce hablar, que heredaron muchos países centroamericanos…

¡oh! ¿Qué paso?... !Mi niño!

“Chacho, que viraje”… o “ño, que frío”, “refugiémonos en este guachinche o tomemos la Guagua”

Veamos… chacho = mal asunto) (viruje = frío) (guachinche = bar.) (Guagua = Autobús)

Como ven, quien se aburra en estas islas no tiene perdón y sino, que suba unos metros monte arriba y seguro que un “airecito” le refrescara las ideas.

Lo de los vientos es otra y no voy a insistir mucho, porque pensarán que la tengo tomada con las islas. En mi defensa arguyo, que soy  también un perdido enamorado de Menorca y anda que la Tramontana ahí, también arrastra lo suyo. Pero, en cuanto a las Islas Canarias, o bien, los elementos se han confabulado en mi contra, ha sido cuestión de simple mala suerte o sea de propio natural, lo cierto es que en mis visitas prácticamente no he podido bañarme a gusto. Incluso en una Semana Santa, navegando de La Palma a Santa Cruz de Tenerife el barco estuvo en un tris de zozobrar… chacho, ¡Virgen de la Candelaria!

Canta la “Isa”

Virgen de la Candelaria… la que extiende su manto sobre la arena, sobre la arena…

Rezaba yo… ¡Virgencita querida… extiéndelo un poco mas!

Bien, dejemos este casi trágico suceso, pero no crean, tengo la lección bien aprendida y en adelante “el Atlántico” para los corvaranes…

Así que mejor me place, otra estrofa…

“Todas las Canarias son como ese verde gigante,

Mucha nieve en el semblante y fuego en el corazón” (El Teide)

A decir verdad, no he tenido ocasión de intimar lo suficiente con Canarias pero, se refiera a la tierra o al elemento femenino, no me negaran que la copla popular, es un interesante reclamo.

 

Después de todas estas divagaciones, centrémonos en Lanzarote puesto que “hay tela que cortar… o contar”

Dedico este segundo capitulo al Parque Nacional de Timanfaya, que en realidad fue nuestra primera visita, es Parque desde 1974 y ocupa unos 52 kilómetros cuadrados de los 805 que tiene la isla en total. Entrada adultos 8 Euros, niños creciditos, la mitad.

No nos detuvimos en el punto de partida de las excursiones en camello, sabedores de que en el recorrido no es permitido bajar a tierra y aunque, sino hay mas remedio, no desdeño participar en estos montajes para turistas, en esta ocasión no nos resulto atrayente. De todos modos, al regresar paramos para echar un vistazo al pequeño museo, que resulto de limitado interés.

Llegados a la zona del Parque y después de comprar el pase para 6 visitas a diferentes lugares turísticos (30 Euros) y adentrarnos en la zona de los casi 30 volcanes, el mas alto de mas de 500 metros sobre el nivel del mar, es obligatorio aparcar y hacer el recorrido en los autobuses del Parque. Comprendo esta necesidad por la extrema dificultad del recorrido, ascendiendo por una estrecha carreterita de color gris, me pregunto (si ya se que soy una mosca… ejem… impertinente!) decía que me pregunto porque no habrán usado asfalto de color rojo a semejanza de la tierra que la circunda, como vimos tan acertadamente en un Parque Nacional en USA. Bien,  afortunadamente la carretera es de único sentido y como decía, discurre caprichosa, subiendo a las carenas de los volcanes, serpenteando entre coladas petrificadas, introduciéndonos entre afilados y aterrantes desprendimientos de magna, todo bien propio de un paisaje infernal descrito por Dante.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                        

Aun aquí déjenme que ponga un “pero”… creo que estos autobuses deberían ser con ventanales mas grandes y apropiados para poder disfrutar mejor de este incomparable paisaje.

 

Pero, tal vez deberíamos hacer un poco de historia y ver como describe la erupción de 1730 el párroco de Yaiza, D. Andrés Lorenzo Curbelo, en carta a su Obispo…

 

El día primero de Septiembre de 1730, entre nueve y diez de la noche, la tierra se abrió de pronto cerca de Timanfaya, a dos leguas de Yaiza. En la primera noche una enorme montaña se elevo del seno de la tierra y del ápice se escapaban llamas que continuaron ardiendo durante diecinueve días.

El 18 de Octubre tres nuevas aberturas se formaron encima de Santa Catalina, y de sus orificios se escapaban masas de humo espeso que se extienden por toda la isla, acompañado de una gran cantidad de escorias, arenas y cenizas que se reparten por todo alrededor. Las explosiones que acompañaron a estos fenómenos, la oscuridad producida por la masa de cenizas y el humo que recubre la isla, forzaron mas de una vez a los habitantes de Yaiza a tomar la huida.

 

La isla se transformó con casi 6 años de gran actividad volcánica y varios pueblos quedaron enterrados (Santa Catalina, Jaretas, San Juan, Peña de Plomos, Testeina, Rodeos Tingafa, Montaña Blanca y Maretas), la lava se extendió por la zona sur cubriendo un cuarto de la isla y llenando las vegas cercanas de ceniza volcánica. En 1824 de nuevo comenzaron las erupciones. Se produjeron grandes hambrunas y buena parte de la población se vio obligada a emigrar. Desde entonces el paisaje se ha transformado gracias a las técnicas agrícolas de cultivo sobre lapillis volcánicos que los conejeros (habitantes de Lanzarote) emplean para captar la humedad de los alisios.

 

Regresamos a la “montaña de fuego” donde unos guardas del parque hicieron unas demostraciones de lo cerca que, de aquella superficie, esta el semi dormido volcán. En un simple agujero de pocos metros excavado en el suelo, derraman un cubo de agua e inmediatamente esta es escupida convertida en un surtidor de vapor. También unos sarmientos depositados en una pequeña cavidad se prenden rápidamente, Incluso en el Restaurante ”El Diablo” allí construido, cocinan en un horno aprovechando el calor que emana del suelo. Parece ser que casi en superficie se alcanzan los 120 grados centígrados y a unos 13 metros de profundidad, los 600.

 

Nosotros, que realizamos el recorrido de 11 a 12 de la mañana con cielo gris y el paisaje sin sombras, parecía todo mucho más irreal. Pero, aun así, intentar hacerles llegar la impresión que deja esta excursión, es tarea lejos de mis habilidades y posibilidades, porque como describir estas sensaciones, constreñido en un autobús rodeado de 30 inquietos semejantes y con las paradas al albedrío del chofer, sin haber podido siquiera, pisar la tierra quemada. Ya se que es imposible, pero intento imaginarme haciendo el recorrido a pie y en solitario. Pienso que tal vez entonces, alcanzaría a impregnarme mejor del miedo y desolación que sufrió en 1730, D. Andrés Lorenzo y su parroquia.


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